Al principio no entendía bien por qué quería dar clases. Solo quería trabajar de lo que me apasiona. Hasta que un día una amiga me recomendó con un alumno inglés.
Él no hablaba español, y ella necesitaba que alguien pudiera enseñarle salsa en inglés.Y ahí entendí algo: hay muchas personas que no logran aprender, no porque no puedan, sino porque el contexto no les da herramientas reales.
Viajé por el mundo, y confirmé que hay tantos estilos de salsa, que no todos hablan el mismo «idioma de movimiento»
Por eso decidí enseñar de una forma personalizada. Para quienes no tienen tiempo, no se sienten cómodos en clases grupales, o simplemente necesitan un método que se adapte a ellos.
